miércoles, 22 de octubre de 2008

El amenazado


Es el amor. Tendré que cultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.


Jorge Luis Borges
El Oro de los Tigres

Bienvenida

Nubes de borrego en Hermosillo

Esta bienvenida es para mi, ya que no me atrevía a escribir un blog. En esta ocasión me he decidido a escribir las cosas que no había querido enseñarle a nadie más, porque no es fácil para mi decir lo que pienso sobre algunas cosas; generalmente sí lo digo, pero en otras me inhibo, reversiblemente, pero me inhibo. También los comentarios son bienvenidos, favorables o desfavorables, pero que se justifiquen. La vida es demasiado corta para andar leyendo comentarios que no nos nutren. Bueno, después de este acto de repliegue, pues ya empezaré a publicar.