jueves, 24 de marzo de 2016

Tus bacterias

 
 Después de esa tarde, después de haber estado contigo un largo rato aislados del mundo y haber estado en lo más recóndito de ti, ha llegado el momento de despedirnos y desear que momentos como ese se repitan pronto. Mientras tanto, me he llevado un recuerdo de ti.

Me he llevado algo más que recuerdos, más que tus besos tiernos dados con la calma con la que se derrite un hielo, algo más que tu silueta desnuda jugando con las sombras de la luz que proviene de la ventana, algo más que ese atardecer lleno de colores cálidos que le da la bienvenida a esa luna llena en el momento en el que me despido de ti. Si hay algo más relevante que todas esas sensaciones y recuerdos, son tus bacterias y me las regalaste para que me acuerde de ti. Habitan en ti y te protegen, un pedazo de tu microbioma se va conmigo para habitar en mi piel y en mis vellos, esas bacterias tuyas que luchan con las mías para quedarse en mi. En toda esa batalla, me llegan recuerdos de tu fragancia corporal, es como si esperara al final del día para comprobar que sigues aquí debido al metabolismo de esos microorganismos. También sé que tu recuerdo se borra, que ese estímulo a mi memoria olfativa se va a borrar cada vez que me bañe, pero lo recuperaré pronto si el día es caluroso. Me gusta ese recuerdo tuyo, esa fragancia tan peculiar, esas bacterias pacíficas que me hacen recordarte. Me gustan esas bacterias que coexisten con las mías por una temporada hasta que deciden esfumarse sin dejar rastros de su estadía en mi, no sé si es por los jabones antibacteriales o porque las mías ganaron y decidieron que las tuyas no proliferaran. Cuando ya no las percibo, sé que es tiempo de volver a encontrarnos.


Una buena manera de saber que algunas personas son compatibles sería después de un encuentro físico lleno de fluidos corporales, llenos de nuestro microbioma. No tiene que ver con la mente y las actitudes como lo dice la psicología, ni por cuestiones del cerebro u otras cuestiones triviales como coincidir por gustar de la misma música o ser de un signo zodiacal compatible. Eso es la consecuencia de otros procesos.  Las bacterias no saben fingir, sólo buscan sobrevivir dentro y fuera de nosotros. No conocen el amor, sólo su sustrato.  Una vez me dio dermatitis en el primer encuentro con alguien con quien permanecí varios años, si le hubiera hecho caso a esa señal no habría acabado devastado y sin ánimo.

Tal vez esa es otra manera en la que las bacterias nos protegen de los daños.

martes, 11 de agosto de 2015

Un pedacito del universo

Cada que miramos el cielo nocturno de la ciudad acostados en el pasto, es el momento en el que siento que, con el lenguaje tu mirada, me has encomendado al universo, tan inmenso y misterioso. Nos miramos por un momento: es el momento en el que tu mirada, en armonía con tu sonrisa, utiliza el lenguaje de los astros inquietos que tintinean en el lienzo estelar de terciopelo. Tintinean porque están a casi nada de cruzar el umbral para salir disparados a dar una vuelta. Mira qué curioso, salirse a volar por allá sin rumbo y sólo observando esas luces tan distantes que solían ser estrellas, cómo al universo le gusta seguir resplandeciendo, presumiéndonos su inmensidad y a nosotros contemplarlo desde nuestra guarida infinitesimal. Parece un viaje interminable, porque ese universo está lleno de singularidades. ¿Quién se anima a recorrerlo, así, solito? Afortunadamente no lo haré solo, porque tú me acompañas, me has regalado un pedacito del universo porque tú lo sabes interpretar de una manera peculiar que me encanta, eres la chica que ata sus tenis coloridos con cintas de Moebius, cuando me hablas al acercarnos a alguna nebulosa, te puedo oír susurrarme porque no sé cómo le haces para que tu voz se propague en el vacío, te gusta jugar conmigo a esquivar asteroides, a escupir en los hoyos negros, a saborear un poco de la vía láctea porque tú sabes deslactosarla, a trotar en la superficie de Marte llena de hoyos de tuzas marcianas, a ponerle nombres a los cráteres de alguna luna de Júpiter inspirados en los raperos más eminentes de las últimas décadas terrestres, a asar carne ahí en la corona del sol y unos bombones para el postre. Para bajar esa comida que envidiarían los astronautas, propongo un poco de baile de esa cumbia espacial que todavía bailan en los tíbiris de Saturno que duran la mitad de los 378.1 días de su movimiento de rotación, se ponen bien buenos y no conviene faltar. Qué belleza es la que adorna al universo cuando lo contemplo contigo, qué calidez la de tu cuerpo que me reconforta al dormir la siesta en esa superficie congelada de la luna pálida, qué sonrisa tan deslumbrante nos provocamos ambos al exhibir nuestros manifiestos de emoción y de amoroso cariño en estado de plasma, con ese hermoso descaro que nos caracteriza. Porque el universo está hecho para los valientes que un día colisionaron y desprendieron tanta energía divertida que hasta se propaga a varios pársecs de distancia y contagia a los cercanos. Oh, sí. Esos labios, los tuyos y los míos, que se mandan mensajes en secreto como estrellas pulsares en código morse y que piden ser besados mutuamente. Así de sabroso es el universo, de delicia y mordidas delicadas, de viento solar que roza nuestros cuellos, de rubor infrarrojo, de sudor de cristal que viaja a velocidades vertiginosas. Es por eso que me gusta contemplar ese pedacito del universo.




Escrito en febrero de 2011, encontrado ahí entre mis archivos, es bonito y no es apto para veganos.

domingo, 1 de marzo de 2015

El amor perfecto

Es viernes y decidí quedarme a descansar, en vez de salir a vagar. Es el momento en el que contemplo tus fotografías, las que tengo y las que compartes en la red. En cada una aprendo una faceta que no conozco de ti, facetas que la distancia me ha privado de conocer. La distancia no sólo se mide entre dos puntos del mapa, sino entre la que hay en las ideas de dos mentes. Se puede estar físicamente a unos centímetros, pero las mentes a varios pársecs de distancia. Las mentes inquietas, que no se toman un respiro para poder descansar, formulan de la mejor manera la manifestación de tantas emociones que se han concebido y pulido para regalarlas en un día soleado y tibio. El pensamiento constante y decidido, un día decide manifestarse, aunque el receptor del mensaje no esté dispuesto a escucharlo, entenderlo o conocerlo. Al final de cuentas, amar implica coincidir. No importa que haya muchas definiciones del amor, tanto las que se pensaron con mucho cuidado como las que intentan imponernos con frecuencia, no consideran que hay que coincidir en las líneas del tiempo y del pensamiento. Tal vez el amor perfecto no es el que se quiere expresar persiguiendo al destinatario y conspirando para que suceda con toda la arrogancia que caracteriza a los que se enamoran, derrochando palabras y magia que luego deja de tener sentido. El amor perfecto es aquél que una vez de tantas se formuló de manera espontánea, se quedó guardado y que portamos en la mano con mucho orgullo cuando lo sacamos a que tome el aire fresco. Lo portas en la mano, lo procuras y así crece hasta que se detiene a un punto antes de que se desborde de la mano. Está formado de lo que se acumuló con la poquita convivencia y de lo que se idealiza responsablemente (como si eso fuese posible), porque para idealizar no hay que desbordarse ni extraviarse. Es compacto pero denso, tiene tanta energía interna que hace cosquillas y brilla de muchos colores. Es tan simple y preciso, delicado y con hermosura, que resulta perfecto porque se creó para poder expresarlo plenamente pero que se tuvo que guardar por causas ajenas. Aunque vibra intensamente lo sostienes con fuerza y cautela, porque es como las granadas que cuando se sueltan explotan. Si la sueltas cerca, pega con una fuerza violenta que lastima y hasta mutila al portador, pero si la lanzas lejos se disipa de manera maravillosa. Sólo es maravillosa si llega al objetivo original, con el que se concibió, de lo contrario se vuelve un desperdicio incómodo de sonidos y fulgores que nadie deseaba ver en ese momento. O a lo mejor alguien piensa que es la mejor explosión y se decepcionan porque no fue hecha a la medida de su voluntad. Esa situación sensorial que de repente fastidia el momento, satura los sentidos y motiva a marcharse, no resulta incómoda cuando alcanza el objetivo preciso para el que se concibió. Cuando lo alcanza y surte efecto es cuando se pudo calcular la distancia y el tiempo con precisión matemática, esa que se aprende sin darse cuenta. Es ahí cuando ese amor deja de ser perfecto y se vuelve fabuloso.

domingo, 31 de octubre de 2010

Instrucciones para cargar la pila del smartphone





Adaptación hecha por mí del cuento “Instrucciones para dar cuerda al reloj”, de Historias de Cronopios y Famas, de Julio Cortázar

Preámbulo a las instrucciones para cargar la pila del smartphone


Piensa en esto: cuando te regalan un Smartphone, te regalan un pequeño infierno florido, una carcasa de rosas, un calabozo de cristal líquido. No te dan solamente el smartphone, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, canadiense o finlandés o diseñado en San Francisco pero hecho en china, con pantallas táctiles o pequeños teclados qwerty; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la cintura y paseará contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su funda de piel o silicón como un apéndice desesperado colgándose de tu cintura o bolso o bolsillo del pantalón. Te regalan la necesidad de cargarle la pila todos los días, la obligación de cargarle la pila para que siga siendo un smartphone; te regalan la obsesión de revisar si hay cobertura, si no hay llamadas perdidas o mensajes sin revisar y sin responder, si las redes sociales no han sido actualizadas y si las aplicaciones son compatibles. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu smartphone con los demás smartphones. No te regalan un smartphone, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del smartphone.

Instrucciones para cargar la pila del smartphone

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Habiendo conectado el cargador a la corriente eléctrica, sujete el smartphone con una mano, tome con dos dedos la clavija del cargador que debe conectarse al teléfono, insértela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el espectro radioeléctrico como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Guárdelo pronto en su bolsa, déjelo sonar en libertad, haga que los teléfonos inteligentes de los demás suenen, imítelo anhelante. Ser inexpresivo herrumbra los cables flex, cada cosa que pudo decirse y fue olvidada va corroyendo las venas del smartphone, gangrenando la fría sangre de su microprocesador. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y le contestamos y comprendemos que ya no importa.

martes, 8 de septiembre de 2009

Tipa ausente, no busques una jeringa

No puedes saber lo que acontece en mi cabeza en estos momentos, por eso estoy escribiendo a estas horas de la noche. A ti, que eres la persona que no conozco, a la que esperaré sin parecer un ansioso, es a la que dedico momentos singulares. A ti es a quien dedico toda esta soledad, cual sacrificio para lograr que puedas acercarte más, cada vez menos distante. Sin saberlo, en estos momentos tú puedes pensar en mi, en el lapso más profundo de tu sueño o en la pesadilla más incómoda. Pienso que cada vez que me evocas podrías alterar los encefalogramas y crear patrones que simulen vellos erizados, pero en realidad no sé si esos patrones son vellos erizados por escalofríos, o por mero placer. Lúgubres pensamientos acaparan las sensaciones humedecidas en la piel, de la espantosa niebla matinal, del vaho que exhalan los mamíferos; estremecen tu cuerpo según los pulsos que controlo con mi voluntad, insospechables palpitaciones que provoco induciendo la secreción de estimulantes naturales, de gemidos estrictamente controlados que salen de tus cuerdas vocales afinadas en La natural que desentonan cuando sientes ese extraño escozor, cuando sientes el licor agradable que recorre tu cuerpo y aumenta el escozor, que incesantes golpeteos interrumpen el escozor y desencadenan esa extraña pero agradable sensación que te hace gritar y que te saca las lágrimas, la sensación que te tensa y un instante después relaja tus músculos al máximo, la sensación que te deja complacida y que no vuelve a recorrer tu cuerpo hasta que yo lo desee, esa pequeña muerte controlada. No puedo dejar que recurras a estas sensaciones con frecuencia, debido a que los orgasmos intravenosos que yo he inventado los venden bajo estricto control médico debido a que causan adicción. Incluso las farmacias los requieren cada vez más, pero sólo funciona con tipas ausentes como tú, porque los psiquiatras se las recetan a las ausentes nada más. Son tan abstractos como tú. El día que te aparezcas, que logres estar cerca de mi laboratorio, sabré que no te quieres robar la fórmula o algunas ampolletas, sino que quieres contactar al químico que ha logrado sintetizar orgasmos y que los vende para subsistir. Tú sabes que detrás de esa mente dedicada a las típicas labores de un laboratorio, hay un científico que anhela conquistar algo más que leyes o teorías. El día que te acerques, te diré cómo es que puedo lograr que te estremezcas aún cuando estoy pensando en ti. No es ningún tipo de alergia, sólo sucede cuando dos personas se buscan y mandan su mensaje, y este mensaje es contestado de manera misteriosa. El mensaje viaja en una frecuencia tan alta que los celulares jamás interferirán en ella. Es un mensaje tan poderoso y radiante que logra crear una atmósfera cálida alrededor de ti. Este tipo de comunicación jamás logrará sustituir el contacto entre dos humanos, así que cuando lo recibas, avísame inmediatamente para poder ir hacia ti.

20/08/2003

Otra vez

Nubes de borrego en Hermosillo

Otra vez, mirando el firmamento como si en realidad no hubiera algo más que ver. Mirando nubes que se desplazan cuando el viento las manipula, un cielo que es de color azul de furia queda encima de nosotros dispuesto a lastimarte la vista si te atreves a verlo directamente por varios segundos. Otro paisaje para los que se aman. Otra vez cautivándose, teniéndose a cada instante sólo para convidarse un poco de pasión púrpura, tan púrpura como el alba. Los que ostentan dicha pasión sólo les gusta repartirla con alguien que esté dispuesto a repartir la suya al igual que ellos. Sólo quieren estar al lado de los que desbordan todo su frenesí, los que liberan esa fuerza tan grande mecanizada en leves caricias sobre el cuerpo, lo sensible que es el tacto; lo fuerte que pueden ser las caricias bien acomodadas. Dulces gemidos, el bufar del cuerpo; tanto oxígeno faltante, tanta energía consumida puede crear un halo que se divisa a 50 metros de distancia. Milagros de la termodinámica, los que se aman siempre desafían a la termodinámica, lo hacen porque el ambiente no se atreve a igualar la temperatura de ellos con la suya porque no pueden perder la oportunidad de regirse por leyes naturales que no están al alcance de los que no se aman. Los que se aman simplemente no pueden digerir su comida, lo que necesitan para seguir en trance amoroso lo obtienen del otro, succionándolo por su boca e intercambiándolo para crear un ciclo perfecto que ellos no comprenden porque también compite contra las leyes naturales que siempre hemos conocido.

De esto sólo se puede hablar en metáfora porque en realidad no se puede describir con la simplicidad con la que siempre se describe todo a nuestro alrededor. Todo resulta tan simple, cada sensación es tan sencilla que puede desencadenar cualquier cosa, cualquiera. Infinitamente, no converge, sólo oscila y nunca llega donde siempre la esperan. Se sabe su comportamiento pero nunca saben a donde va, viaja como una serpiente en el agua. Sólo se captan sus ondas, emite unos sonidos que sólo oyen los animales que comen hierba y todo lo que implique esa hierba verde desencadenada por el sol. Puede tener la forma de cualquier bestia traída de una mente caprichosa o ser lo que siempre pensaste que sería su extraña figura. No sé si sigue siendo etéreo para muchos porque no tengo idea lo que significa. Qué complicado. Chale, chale , chale.

24/05/2004

El amor es una peda

Cuando pienso en ti, es como si chupara licor. Lentamente comienza la embriaguez, me convierto en un beodo cuando comienzo a imaginar tu presencia. Cuando pienso en ti me siento desinhibido, quiero subirme a mil montañas rusas, aventarme de mil paracaídas y me quiero agarrar a madrazos con todos los microbuseros de Zaragoza; quiero cantar mil canciones de amor, desentonado pero lleno de euforia y sentimiento desbordado; quiero reírme de todos los chistes que escuche, aunque estén bien chafas. Así es, me siento poderoso, pagaré la cuenta de todos y me iré a mi casa zigzagueando en el camino, persiguiendo a los perros, durmiendo en la banqueta. Recuerdo con horror que mi tía se despintaba las uñas con bacardí blanco, desde entonces no apetezco marranillas ni licores volátiles mezclados con refresco o servidos derechos, sólo pienso en el estado inconveniente que me provoca tu recuerdo. La mejor embriaguez es sin licor, es con momentos pasados, imágenes de antaño que desfilan en mi memoria al ritmo de una canción tropical con mucha candela. La mejor embriaguez es la que me ocurre pensando en ti, por eso no bebo, siento placer al recordarte en cada pizca de memoria, en cada segmento de recuerdo que me estremece. No es dipsomanía, simplemente es sed de ti. Después de una peda, la resaca te sigue, la cruda inevitable te sofoca insinuando la necesidad de seguir bebiendo o de dejar de beber. Para mi la resaca es darme cuenta que te extraño y tú no estás a mi lado.


06/04/2005

sábado, 11 de julio de 2009

La frase para ir a trabajar

Roy Croft acuñó la siguiente frase:

"Te amo, no sólo por lo que eres, sino por lo que soy cuando estoy contigo".

Yo la modificaré:

"Te amo, no sólo por lo que eres y por lo que soy cuando estoy contigo, sino por las chambas que haces".

A ver si ahora sí dan ganas de ir a trabajar, esos cheques no se cobran solos, maldita sea, jeje.

viernes, 19 de junio de 2009

On the road

No me había atrevido, pero ya es momento de aceptar que me gusta ese texto desde hace tiempo.

“They danced down the streets like dingledodies, and I shambled after as I’ve been doing all my life after people who interest me, because the only people for me are the mad ones, the ones who are mad to live, mad to talk, mad to be saved, desirous of everything at the same time, the ones who never yawn or say a commonplace thing, but burn, burn, burn like fabulous yellow roman candles exploding like spiders across the stars and in the middle you see the blue centerlight pop and everybody goes “Awww!”

On the Road, Jack Kerouac.

miércoles, 22 de octubre de 2008

El amenazado


Es el amor. Tendré que cultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.


Jorge Luis Borges
El Oro de los Tigres