martes, 8 de septiembre de 2009

Otra vez

Nubes de borrego en Hermosillo

Otra vez, mirando el firmamento como si en realidad no hubiera algo más que ver. Mirando nubes que se desplazan cuando el viento las manipula, un cielo que es de color azul de furia queda encima de nosotros dispuesto a lastimarte la vista si te atreves a verlo directamente por varios segundos. Otro paisaje para los que se aman. Otra vez cautivándose, teniéndose a cada instante sólo para convidarse un poco de pasión púrpura, tan púrpura como el alba. Los que ostentan dicha pasión sólo les gusta repartirla con alguien que esté dispuesto a repartir la suya al igual que ellos. Sólo quieren estar al lado de los que desbordan todo su frenesí, los que liberan esa fuerza tan grande mecanizada en leves caricias sobre el cuerpo, lo sensible que es el tacto; lo fuerte que pueden ser las caricias bien acomodadas. Dulces gemidos, el bufar del cuerpo; tanto oxígeno faltante, tanta energía consumida puede crear un halo que se divisa a 50 metros de distancia. Milagros de la termodinámica, los que se aman siempre desafían a la termodinámica, lo hacen porque el ambiente no se atreve a igualar la temperatura de ellos con la suya porque no pueden perder la oportunidad de regirse por leyes naturales que no están al alcance de los que no se aman. Los que se aman simplemente no pueden digerir su comida, lo que necesitan para seguir en trance amoroso lo obtienen del otro, succionándolo por su boca e intercambiándolo para crear un ciclo perfecto que ellos no comprenden porque también compite contra las leyes naturales que siempre hemos conocido.

De esto sólo se puede hablar en metáfora porque en realidad no se puede describir con la simplicidad con la que siempre se describe todo a nuestro alrededor. Todo resulta tan simple, cada sensación es tan sencilla que puede desencadenar cualquier cosa, cualquiera. Infinitamente, no converge, sólo oscila y nunca llega donde siempre la esperan. Se sabe su comportamiento pero nunca saben a donde va, viaja como una serpiente en el agua. Sólo se captan sus ondas, emite unos sonidos que sólo oyen los animales que comen hierba y todo lo que implique esa hierba verde desencadenada por el sol. Puede tener la forma de cualquier bestia traída de una mente caprichosa o ser lo que siempre pensaste que sería su extraña figura. No sé si sigue siendo etéreo para muchos porque no tengo idea lo que significa. Qué complicado. Chale, chale , chale.

24/05/2004

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