Después de esa
tarde, después de haber estado contigo un largo rato aislados del mundo y haber
estado en lo más recóndito de ti, ha llegado el momento de despedirnos y desear
que momentos como ese se repitan pronto. Mientras tanto, me he llevado un
recuerdo de ti.
Me he llevado algo más que recuerdos, más que tus besos tiernos dados con
la calma con la que se derrite un hielo, algo más que tu silueta desnuda
jugando con las sombras de la luz que proviene de la ventana, algo más que ese
atardecer lleno de colores cálidos que le da la bienvenida a esa luna llena en
el momento en el que me despido de ti. Si hay algo más relevante que todas esas
sensaciones y recuerdos, son tus bacterias y me las regalaste para que me
acuerde de ti. Habitan en ti y te protegen, un pedazo de tu microbioma se va
conmigo para habitar en mi piel y en mis vellos, esas bacterias tuyas que luchan
con las mías para quedarse en mi. En toda esa batalla, me llegan recuerdos de
tu fragancia corporal, es como si esperara al final del día para comprobar que
sigues aquí debido al metabolismo de esos microorganismos. También sé que tu
recuerdo se borra, que ese estímulo a mi memoria olfativa se va a borrar cada
vez que me bañe, pero lo recuperaré pronto si el día es caluroso. Me gusta ese
recuerdo tuyo, esa fragancia tan peculiar, esas bacterias pacíficas que me
hacen recordarte. Me gustan esas bacterias que coexisten con las mías por una
temporada hasta que deciden esfumarse sin dejar rastros de su estadía en mi, no
sé si es por los jabones antibacteriales o porque las mías ganaron y decidieron
que las tuyas no proliferaran. Cuando ya no las percibo, sé que es tiempo de
volver a encontrarnos.
Una buena manera de saber que algunas personas son compatibles sería después
de un encuentro físico lleno de fluidos corporales, llenos de nuestro
microbioma. No tiene que ver con la mente y las actitudes como lo dice la psicología, ni por cuestiones del cerebro u otras cuestiones triviales como coincidir por gustar de la misma música o ser de un signo zodiacal compatible. Eso es la consecuencia de otros procesos. Las bacterias no saben fingir, sólo buscan sobrevivir dentro y
fuera de nosotros. No conocen el amor, sólo su sustrato. Una vez me dio dermatitis en el primer
encuentro con alguien con quien permanecí varios años, si le hubiera hecho caso
a esa señal no habría acabado devastado y sin ánimo.
Tal vez esa es otra manera en la que las bacterias nos protegen de los
daños.