domingo, 31 de octubre de 2010

Instrucciones para cargar la pila del smartphone





Adaptación hecha por mí del cuento “Instrucciones para dar cuerda al reloj”, de Historias de Cronopios y Famas, de Julio Cortázar

Preámbulo a las instrucciones para cargar la pila del smartphone


Piensa en esto: cuando te regalan un Smartphone, te regalan un pequeño infierno florido, una carcasa de rosas, un calabozo de cristal líquido. No te dan solamente el smartphone, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, canadiense o finlandés o diseñado en San Francisco pero hecho en china, con pantallas táctiles o pequeños teclados qwerty; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la cintura y paseará contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su funda de piel o silicón como un apéndice desesperado colgándose de tu cintura o bolso o bolsillo del pantalón. Te regalan la necesidad de cargarle la pila todos los días, la obligación de cargarle la pila para que siga siendo un smartphone; te regalan la obsesión de revisar si hay cobertura, si no hay llamadas perdidas o mensajes sin revisar y sin responder, si las redes sociales no han sido actualizadas y si las aplicaciones son compatibles. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu smartphone con los demás smartphones. No te regalan un smartphone, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del smartphone.

Instrucciones para cargar la pila del smartphone

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Habiendo conectado el cargador a la corriente eléctrica, sujete el smartphone con una mano, tome con dos dedos la clavija del cargador que debe conectarse al teléfono, insértela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el espectro radioeléctrico como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Guárdelo pronto en su bolsa, déjelo sonar en libertad, haga que los teléfonos inteligentes de los demás suenen, imítelo anhelante. Ser inexpresivo herrumbra los cables flex, cada cosa que pudo decirse y fue olvidada va corroyendo las venas del smartphone, gangrenando la fría sangre de su microprocesador. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y le contestamos y comprendemos que ya no importa.