martes, 8 de septiembre de 2009

El amor es una peda

Cuando pienso en ti, es como si chupara licor. Lentamente comienza la embriaguez, me convierto en un beodo cuando comienzo a imaginar tu presencia. Cuando pienso en ti me siento desinhibido, quiero subirme a mil montañas rusas, aventarme de mil paracaídas y me quiero agarrar a madrazos con todos los microbuseros de Zaragoza; quiero cantar mil canciones de amor, desentonado pero lleno de euforia y sentimiento desbordado; quiero reírme de todos los chistes que escuche, aunque estén bien chafas. Así es, me siento poderoso, pagaré la cuenta de todos y me iré a mi casa zigzagueando en el camino, persiguiendo a los perros, durmiendo en la banqueta. Recuerdo con horror que mi tía se despintaba las uñas con bacardí blanco, desde entonces no apetezco marranillas ni licores volátiles mezclados con refresco o servidos derechos, sólo pienso en el estado inconveniente que me provoca tu recuerdo. La mejor embriaguez es sin licor, es con momentos pasados, imágenes de antaño que desfilan en mi memoria al ritmo de una canción tropical con mucha candela. La mejor embriaguez es la que me ocurre pensando en ti, por eso no bebo, siento placer al recordarte en cada pizca de memoria, en cada segmento de recuerdo que me estremece. No es dipsomanía, simplemente es sed de ti. Después de una peda, la resaca te sigue, la cruda inevitable te sofoca insinuando la necesidad de seguir bebiendo o de dejar de beber. Para mi la resaca es darme cuenta que te extraño y tú no estás a mi lado.


06/04/2005

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